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PORTADA SUMARIO

 

EDITORIAL

Ante la realidad innegable del cambio

climático es necesario movilizarnos y

dar cauce a un mayor compromiso

colectivo. Urge actuar, ya sea a nivel

gubernamental o a nivel no

gubernamental, con la implicación de

todos los actores, incluyendo a la sociedad

civil, al tercer sector y, por supuesto, a las

empresas. En un año con un calendario

supranacional marcado de hitos

(conferencia especial sobre Desarrollo

Sostenible en Naciones Unidas en

septiembre, COP21 en París al final de

noviembre) para avanzar en el acceso al

agua y al saneamiento y en iniciativas

contra el cambio climático, es necesario

que el tejido empresarial y sus

profesionales estén al nivel de los

requerimientos, reforzando las alianzas por

el desarrollo sostenible y  haciendo posible

y tangible  la evolución de una economía

lineal a otra cada vez más circular, además

de perseverar por una gestión positiva de

los recursos naturales, garantizando así su

disponibilidad para generaciones futuras.

Los océanos son uno de los hábitats que

recibirán de manera más directa el impacto

del aumento de dos grados a nivel

planetario, que ha sido pronosticado para

finales del presente siglo. Escuchamos y

estamos atentos a la reacción de la gran

masa marina, sobre todo en el litoral,

innovando para gestionar mejor nuestras

aguas, empezando por las más cercanas,

aquellas que con más frecuencia  entran

en contacto con la vida humana.

Nos adentramos en la Escuela del Agua de

la mano de Maria Salamero y aprendemos

de la importancia de la formación y de dar

uso y aplicabilidad al conocimiento. El

mercado habla y demanda soluciones

específicas. Estar alerta para prevenir y ser

capaces de dar respuestas certeras pasa

por un desarrollo del talento y de las

competencias. Una estrategia de empresa

en sintonía con el fluir de los

acontecimientos debe vertebrar la

innovación en todos sus planteamientos y

acciones, y hacer partícipes a ecosistemas

de conocimiento que van más allá del

propio perímetro empresarial. Hacer una

eficaz gestión de los recursos naturales

(damos cuenta del nivel de autoexigencia

y eficiencia alcanzadas en el ciclo integral

del agua) es, hoy, más factible gracias a la

tecnología. Las herramientas digitales y

las redes sociales ayudan a construir

procesos participativos que apelan a las

capacidades de las personas y de los

grupos humanos. Lo cierto es que los

recursos son cada vez más limitados y

está en nuestras manos su preservación y

buen uso. Un ejemplo de superación ante

la escasez es Chile. En un entorno que

clama para disminuir la desigualdad resulta

imperativo que los proyectos incorporen de

manera creciente indicadores de

rentabilidad social. También, en la

Amazonía peruana se llevan a cabo

iniciativas para lograr el acceso al agua

saluble en pos de evitar males que afecten

a su población. Mientras, a orillas del

Atlántico, el chef Ángel León nos da

ejemplo de visión disruptiva: cercanía y

compromiso con el territorio. x

El futuro está en nuestras manos
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